sábado, 28 de febrero de 2009

A TRAVES DE MONTES Y RECUERDOS - Haibun

por Carlos R. Curiel

Aquella semana de vacaciones, por primera vez, llevaba a mis hijos para que conocieran algo de mi infancia junto a mi abuelo, en los bosques montañosos del estado de Utah.
Llegamos al mediodía y dejamos nuestro vehículo al pie de la montaña.
Caminamos muchas millas y trepamos sorteando bosques, arroyos que bajaban cada vez más débiles, a medida que el frío del otoño, presagiando el invierno que pronto llegaría, los iba congelando.
Algún pájaro parecía despertar a nuestro paso. Su aleteo y su grito me recordaban vívidamente el pasado adormecido dentro de mi corazón.
Pájaro azul:
los ecos de tu canto
evocan el ayer.

Pasamos cerca de un pequeño pueblo antiguo, con muy pocas casas, una capilla y un pequeño cementerio. Algunas intrépidas aves aún no decidían abandonar el bosque hacia climas más cálidos.
Pronto llegó la noche y el cielo nos mostró toda su portentosa belleza, entre los subidos tonos del otoño.
279
Fulgor de plata
entre hojuelas de oro.
Luna de mayo.

Metidos en el bosque de álamos y pinos, en la alta montaña, escalando junto a la quebrada, buscábamos la pequeña casa de piedra de mi abuelo.
303
La quebrada traga nubes,
transpira álamos y pinos.

Transcurrieron muchos años y la topografía había cambiado bastante. El monte era más tupido que entonces.
Finalmente, recorriendo la rivera del arroyo, que había cambiado de curso, dimos con la casa. Parcialmente destruida por las tormentas y el paso del tiempo, íbamos a tener que trabajar mucho para reacondicionarla.
314
Cabaña oculta
entre pinos y álamos.
El sol no la ve.

Hicimos un fuego y armamos la carpa para pasar la noche junto a la cabaña.
312
Bosque oscuro.
En un claro, la luna
y la galaxia.

A la mañana siguiente, nos aprestamos a escalar hasta la cima.
Un nevado pico de la montaña se reflejaba claramente en el lago.
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Montaña azul
coronada de blanco,
el lago te plagia.

Seguimos trepando hasta alcanzar la cumbre. Un enorme cóndor nos vigilaba de cerca.
La vista de los bosques, el valle y el lago robaban el alma.
293
Extasiado veo
el valle y el lago.
Cóndor testigo.

Nos sentíamos pequeños en medio de tanto prodigio de la Natura.
298
De lo alto
de este cerro enorme,
veo chica la vida.

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