viernes, 18 de mayo de 2007

DESPOSEÍDO

te di todo:
mi fuego,
mis sentidos,
mis días de semana
y mis domingos,
mi cuerpo, porque
para qué quiero mis oídos
si no puedo escucharte,
vayan también mis ojos
si no puedo admirarte,
te di mis ansias
de volar,
de soñar,
de descansar el alma...
mi piel se cuartea,
se seca, se cae,
como la de una víbora,
te di,
hasta mi última esperanza,
ya no tengo nombre,
ni casa,
ni aldea,
nada es mío,
lo que no puedo darte
es el olvido,
tu recuerdo me hiere
cada vez que respiro,
también tengo mi hambre,
mi sed de ti,
de tu destino,
y ni rogar puedo.

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